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Amor
a la Verdad
Manuel Fernández Areal
Catedrático emérito de Periodismo
Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación
Universidad de Vigo
He conocido pocas personas- por no decir que ninguna- con tanto amor a la verdad como San Josemaría Escrivá de Balaguer. He conocido pocas personas- por no decir que ninguna otra- con más capacidad de comunicarla que San Josemaría Escrivá de Balaguer.
Durante mucho anos, he ejercido el Periodismo en particular y lo que hoy entendemos por Comunicación Social en genera) y siempre he tratado de distinguir entre la información- hechos, noticia- _y los otros géneros comunicativos: propaganda ideológica, publicidad; dejando clara siempre la distinción entre decir lo que pasa y opinar sobre eso que pasa o ha pasado o puede pasar, opinar sobre hechos ciertos.
He leído con fruición y he meditado, desde muy joven, un libro que entre mis compañeros de Universidad comenzaba por entonces a divulgarse cuando yo hacia primero de Derecho, y antes de derivar hacia el Periodismo como profesión, sin abandonar nunca los criterios de justicia y derecho que en mi carrera primera adquirí. Ese libro, CAMINO, he reconocido muchas veces que dejo profunda huella en mi alma. En el aprendí, por ejemplo: "No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte" (num. 34).
Como periodista profesional y corno catedrático universitario, encargado de hacer llegar a otros el amor a la verdad en la información, trate de practicar siempre ese consejo. Y, en alguna ocasión, decir la verdad me supuso alguna contrariedad; pero, que satisfacción contribuir a esclarecer la verdad!
He tenido ocasión no solo de leer, sino de escuchar a San Josemaría y de verle y conocerle personalmente. Y siempre, en sus escritos, llenos de sencillez, de estilo si se quiere periodístico- sin afectación, sin circunloquios, sin vanidad, Ilamando al pan, pan y al vino, vino -; en sus diálogos con pocas personas o con miles de ellas; en sus encuentros con la gente mas variada, de todas las edades, de todas las profesiones, de todas las maneras de pensar, católicos y no católicos, incluso personas sin fe, pero de buena voluntad; en sus respuestas, a preguntas sencillas o menos simples, incluso a veces con retranca; en sus coloquios y sus expansiones ante los demás, siempre, siempre decía la verdad, se mostraba con naturalidad y sencillez, pero con respeto para todos y cada uno, y la decía de tal manera que Ilegaba a todos los oyentes y nadie se quedaba sin saber que quería decir, sin poder desentrañar eso que en Teoría de la Comunicación llamamos "el contenido del mensaje".
Cual podría ser el secreto de su capacidad para hacerse entender tan fácilmente, para llegar a todos los públicos? Sin duda su amor a la verdad, y su sencillez; es decir, su tratar de ser siempre verdadero y de hacer llevar a otros la verdad sin la menor doblez, ni la menor afectación, sin vanidad, sin orgullo, sin resquemores, sin guardarse nada en la recamara. Su amor a Cristo, la gran Verdad, LA VERDAD, Ie llevaba a ser verdadero hasta el heroísmo.
Y quienes le leíamos o le escuchábamos notábamos que quería transmitir la verdad sin paliativos, que nunca nos engañaría, que nunca buscaría otra cosa que nuestro bien.
Me ha resultado siempre especialmente atractiva la actitud de quienes profesionalmente entregados a la tarea de hacer llegar la verdad de los hechos a otros, ordinariamente a públicos amplios, a través de los medios de comunicación conocidos como de masas- aunque no siempre su audiencia sea muy masiva- defienden su independencia en orden a hacerlo sin faltar a la verdad, superando presiones que les Ilevarían, si cedieran, a deformar los hechos, a no comunicar la realidad de los hechos.
Ese amor a la verdad, aunque acarree, al llevarlo a la práctica e la confesión, y a la vida de convivencia humana en general, consecuencias desagradables, ha sido siempre objeto de la predicación de San Josemaría, que ha llegado a afirmar:
"El mundo vive de la mentira; y hace veinte siglos que vino la Verdad a los hombres.
- ¡Hay que decir la verdad¡, y a eso hemos de ir los hijos de Dios. Cuando los hombres se acostumbren a proclamarla y a oírla, habrá mas comprensión en esta tierra nuestra (FORJA, num. 130).
En una ocasión un grupo de estudiantes de diversas facultades que se esforzaban ilusionadamente en sacar adelante una de ]as muchas revistas que en España han empezado en años mozos y luego quizás sucumbieron a muy diversas dificultades v dejaron de publicarse con el paso del tiempo por muy diversas razones, se dirigían a el pidiéndole: ¿podría decirnos algo a nosotros, a los que trabajamos en la prensa universitaria? Eran tiempos difíciles de fuerte censura gubernativa y control por el poder político de los medios de comunicación, también los juveniles y concretamente los universitarios.
San Josemaría, que había sido también el universitario ilusionado, con gran amor al Derecho como ciencia v a la Justicia como virtud y conecta los problemas del momento, contestó pidiéndoles a su vez que difundieran el amor al buen periodismo "que es el que no se contenta con los rumores infundados, con los se dice inventados por imaginaciones calenturientas. Informad con hechos, con resultados, sin juzgar las intenciones, manteniendo la legítima diversidad de opiniones en un plano ecuánime, sin descender a un ataque personal. Es difícil que haya verdadera convivencia donde falta verdadera información; y la información verdadera es aquella que no tiene miedo a la verdad y que no se deja llevar por motivos de medro, de falso prestigio, o de ventajas económicas."
Toda una lección de Periodismo, que hoy merece la pena recordar y difundir. Porque hoy, cuando, felizmente, el derecho a la información veraz está reconocido en el articulo 20 de nuestra constitución española, los profesionales tenemos que reconocer que se miente bastante, se olvida con frecuencia el deber profesional de verificar la información en búsqueda de la verdad y no del éxito, se sirve a intereses ajenos a ese derecho a la verdad que el, público tiene y se ignora prácticamente- en ocasiones- que se trata de un verdadero derecho del público, integrado por ciudadanos concretos, y que el periodista es, simplemente, un servidor de la verdad, alguien en quien la sociedad deposita su confianza para que gestione la información, la depure, la trate según unas técnicas que el conoce y la limpia, verdadera, sin ceder a presiones políticas, ideológicas o económicas.
Anda la profesión periodística en España, hoy, un tanto inquiera porque, de una parte, la figura del periodista aparece mezclada, confundida con la de ciertos aventureros del Periodismo que no respetan las reglas deontológicas de una profesión que puede y debe ser y ha sido enormemente útil a la sociedad. Y de otra, no acaba de encontrar el camino más Ilevadero para lograr su dignificación, que pasa- pienso- por la práctica de una exigente auto regulación, un control de calidad que le permita resultados como los que en el ámbito de la Publicidad se están alcanzando con una Asociación privada v totalmente voluntaria que vela por el buen nombre de los profesionales de esa rama de la Comunicación.
Dije en muchas ocasiones que es preciso no caer en la trampa de los "nuevos modos" de informar, que se dicen influidos por las nuevas tecnologías y se afirma suprimen la separación entre hechos y opiniones. En Prensa, Radio, Televisión, en papel, sobre las ondas o en Internet, pienso que el periodista de nuestros días tiene que seguir siendo fiel a su deber de comunicar la verdad, lo que le llevara a informar con hechos y a mantener la legitima diversidad de opiniones.
Así es como el periodista seguirá siendo útil a la sociedad.
Pontevedra, 17 de Noviembre de 2004.
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